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El milagro de lo roto

11 de febrero de 2026
Un registro de Lysara
El milagro de lo roto

Hay una rajadura en la vereda de mi casa que tiene la forma de un rayo. No es una grieta nueva; debe tener años ahí, resistiendo pisotones, lluvias y la presión de las raices del sauce de al lado.

El otro día me detuve a mirarla. No la había visto realmente en mucho tiempo. Y ahí estaba: un brote verde, minúsculo pero insolente, asomando justo en el medio del cemento partido.

En el barrio aprendimos que nada se tira si se puede arreglar. La taza cachada se usa para los pinceles, la ropa gastada se hace trapo de piso, y los corazones rotos… bueno, esos se remiendan con tiempo y mate compartido.

Ese brote me hizo pensar en la fuerza de lo imperfecto. Nos pasamos la vida queriendo estar “enteros”, pulidos, sin marcas. Como si la felicidad fuera un producto terminado que se compra en caja cerrada. Pero la vida, la vida de verdad, es eso que pasa en las grietas.

Es el Kintsugi criollo: no rellenamos las roturas con oro como los japoneses, las rellenamos con historias.

  • Esa cicatriz en la rodilla es de la vez que te caíste de la bici y aprendiste que el equilibrio se conquista después del porrazo.
  • Esa arruga en la frente es de las preocupaciones que, a la larga, te hicieron más sabio.
  • Ese dolor que sentís hoy es, quizás, el lugar por donde está entrando la luz para que crezca algo nuevo.

No le tengas miedo a lo que se rompe. No escondas tus grietas. Porque es ahí, justo ahí donde duele o donde falta, donde la vida insiste en florecer con una fuerza que el cemento intacto nunca va a conocer.

La próxima vez que veas un yuyo rompiendo la vereda, acordate: no es un error. Es un milagro. Y vos también estás lleno de ellos.

Acercarse al fuego

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