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Gotas de aceite y bostezos: Cuando nos curaban el ojeo

19 de febrero de 2026
Un registro de Legado Arcano
Gotas de aceite y bostezos: Cuando nos curaban el ojeo

Te despertabas a la siesta sintiendo que la cabeza te pesaba una tonelada. No era fiebre, no era dolor de panza. Era un malestar difuso, un cansancio con ganas de llorar que mi madre diagnosticaba en un segundo mirándome a los ojos: “A vos te ojearon, mija”.

Acto seguido, cruzábamos la calle hasta la casa de Doña Filo. En su cocina había poco ruido y mucho olor a ropa limpia. Sacaba un plato hondo de la vajilla buena, le ponía agua de la canilla y mojaba su dedo en una botellita de aceite.

Yo miraba fascinada desde mi silla. El aceite caía en el agua y, en lugar de quedarse en una gota perfecta, se estallaba. Se abría en formas raras, como estrellas desarmadas o manchas grandes que cubrían casi todo el plato. “Qué fuerte te miraron, criatura”, murmuraba, e inmediatamente empezaba a persignarse, a murmurar palabras indescifrables y a bostezar.

Eran bostezos enormes, como si de repente le faltara el aire. A medida que ella bostezaba y cambiaba el agua, a mí el dolor de cabeza se me iba disolviendo, hasta que volvía a salir a la vereda pateando una latita, sana y salva.

El “ojeo” no es un mito que caducó en los 80s. Es la forma más primaria en que la mala intención —a veces por envidia, otras por simple, excesiva o desmedida admiración— impacta y marchita el ánimo del otro.

Hoy, vivimos expuestos como en una vidriera gigante. Las miradas ajenas entran a nuestras casas a través de las pantallas, la envidia viaja más rápido y el cuerpo lo siente de la misma forma: pesadez, dolores inexplicables, cosas que se caen de las manos, agotamiento súbito.

En nuestra manera de entender el Tarot y nuestro oficio en Legado Arcano, siempre buscamos primero esto: aliviar a la persona. Antes de cualquier trabajo, antes de buscar respuestas complejas, a veces lo que el cliente necesita es eso tan simple y antiguo: que alguien se siente enfrente, sepa ver el daño que trae, absorba un poco de esa pesadez con sabiduría, y limpie lo que haga falta para que el cuerpo y el alma vuelvan a su lugar.

Acercarse al fuego

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